Una exposición suele presentarse como algo terminado. Hay una fecha de inauguración, un recorrido definido y unas obras colocadas en un lugar preciso. También existen textos y dispositivos que han sido preparados antes de que entre el primer visitante. Durante semanas o meses se ensayan relaciones entre piezas, se ajustan luces y se revisan discursos. Cuando las puertas se abren, buena parte de ese trabajo ha quedado fijado. Eso no significa que la exposición permanezca exactamente igual. Los visitantes establecen relaciones que quizá no estaban previstas y algunos recorridos funcionan de manera distinta a como habían sido imaginados. También pueden cambiar las preguntas desde las que se interpreta lo expuesto. Una muestra inaugurada hace unos meses puede conservar el mismo montaje y, sin embargo, ser recorrida desde intereses diferentes.

La inteligencia artificial añade aquí una posibilidad nueva: que determinados contenidos no estén completamente desplegados antes de la visita. En la National Gallery Singapore, G(ai)le funciona como un asistente con el que se pueden formular preguntas abiertas sobre las obras. El sistema trabaja con información procedente de los archivos y de la investigación de la institución y está diseñado para ofrecer respuestas conversacionales adaptadas a distintos públicos.

Fig. 1. Ejemplos de interacción con G(ai)le, el asistente de IA de la National Gallery Singapore, que adapta sus respuestas mediante referencias culturales contemporáneas y lenguaje cotidiano. Fuente: Singapore Good Design Awards.

Frente a una cartela, el visitante encuentra una selección de información preparada de antemano. Con un sistema conversacional, la secuencia puede ser distinta. Una pregunta sobre un detalle puede conducir a otra cuestión que el texto de sala no había previsto desarrollar. De este modo, una parte de la mediación depende de lo que surja durante la visita, aunque siga apoyándose en contenidos previamente trabajados por el museo.

En Leeds Castle ese margen adopta otra forma. An Audience with a Queen aparece al final de la exposición Pilgrimage of Love: Eleanor of Castile, después de un recorrido construido mediante recursos interpretativos convencionales. Allí, un avatar de Leonor de Castilla responde en tiempo real a preguntas del público. La experiencia se plantea como una prolongación del recorrido previo y utiliza como base los textos de la exposición y una selección de conocimiento preparada para el sistema.

Fig 2. Avatar interactivo de Leonor de Castilla en Leeds Castle, dentro de la experiencia An Audience with a Queen. Fuente: The EpiCentre.

Su funcionamiento también muestra que la conversación necesita ser diseñada. Leeds Castle incorporó preguntas sugeridas para quienes no sabían cómo comenzar y explica al público cómo se generan las respuestas y qué información se registra. El propio museo reconoce además que, cuando las preguntas se alejan de la base de conocimiento preparada, aumenta el riesgo de imprecisión. Por eso, la experiencia depende también de cómo se presenta el dispositivo y de lo que el visitante entiende que puede hacer con él.

La exposición puede seguir siendo físicamente la misma y, al mismo tiempo, dejar algunos contenidos disponibles para desarrollarse durante la visita.  En un caso, el visitante decide qué aspecto quiere explorar; en el otro, la conversación aparece al final del recorrido como una forma de prolongarlo. Lo que cambia no es tanto el montaje como el momento en que parte de la mediación se despliega. La inauguración sigue marcando el momento en que una exposición se abre al público, pero quizá ya no tenga que señalar que todo su contenido ha quedado completamente desplegado. Algunas preguntas pueden aparecer después, cuando el visitante ya está dentro y decide por dónde seguir.

AUTORÍA: Tatiana Fernández Llanes

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